Lactancia

    Violencia Obstétrica: Qué Es, Cómo Identificarla y Qué Puedes Hacer

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    Violencia Obstétrica: Qué Es, Cómo Identificarla y Qué Puedes Hacer

    Quizá durante tu embarazo has escuchado historias de otras madres que no se sintieron respetadas durante su parto. Tal vez te han contado experiencias donde se realizaron intervenciones sin explicación, donde no se respetaron sus deseos, o donde se sintieron humilladas o maltratadas. Si estas historias te generan inquietud o miedo, es completamente comprensible. Y si tú misma has vivido una experiencia así, quiero que sepas que lo que sentiste es válido y que no estás sola.

    La violencia obstétrica es una realidad que afecta a miles de mujeres cada año, pero que durante mucho tiempo ha permanecido invisible o normalizada bajo el paraguas de "así son las cosas en el hospital" o "lo importante es que el bebé esté bien". Hoy sabemos que esto no es aceptable: tú y tu bebé merecéis estar bien, y la forma en que vives tu parto importa profundamente. Un parto puede ser seguro desde el punto de vista médico y al mismo tiempo ser una experiencia traumática si no se respetan tus derechos, tu dignidad y tu autonomía.

    En esta guía vamos a abordar qué es exactamente la violencia obstétrica, cómo puedes identificarla, qué prácticas específicas la constituyen, qué dice la ley en España, cómo afecta a tu salud física y emocional, y qué puedes hacer tanto para prevenirla como para denunciarla si la has sufrido. Porque conocer tus derechos es el primer paso para poder defenderlos, y porque ninguna mujer debería salir de su parto sintiéndose maltratada o invisibilizada.

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    Qué es la violencia obstétrica

    La violencia obstétrica es toda forma de maltrato, abuso, negligencia o falta de respeto hacia las mujeres durante el embarazo, el parto y el postparto inmediato. Se manifiesta cuando los profesionales sanitarios realizan prácticas que vulneran tu autonomía, tu dignidad o tus derechos, ya sea mediante acciones directas (intervenciones sin consentimiento, maltrato verbal, procedimientos innecesarios) o mediante omisiones (negarte información, ignorar tus peticiones, no respetar tu intimidad).

    Es importante comprender que la violencia obstétrica no siempre es intencional ni maliciosa. Muchas veces está arraigada en protocolos obsoletos, en la cultura institucional de los hospitales, en la falta de formación en parto respetado, o en creencias erróneas sobre el papel de la mujer durante el parto. Sin embargo, la falta de intención no elimina el daño causado ni justifica las prácticas. Una intervención puede estar realizada con "buena intención" y seguir siendo violencia obstétrica si no respeta tu consentimiento informado o tu protagonismo.

    La Organización Mundial de la Salud reconoce que "en todo el mundo, muchas mujeres sufren un trato irrespetuoso y ofensivo durante el parto en centros de salud, que no solo viola los derechos de las mujeres a una atención respetuosa, sino que también amenaza sus derechos a la vida, la salud, la integridad física y la no discriminación". La OMS identifica siete categorías de maltrato durante el parto: abuso físico, abuso sexual, abuso verbal, estigma y discriminación, no cumplimiento de normas profesionales de atención, mala relación entre la mujer y el proveedor de atención, y condiciones y limitaciones del sistema de salud.

    La violencia obstétrica puede ocurrir en cualquier contexto: hospitales públicos o privados, clínicas, e incluso en partos domiciliarios si el profesional que te atiende no respeta tus derechos. No depende del lugar sino de las prácticas y actitudes de quienes te atienden. Por eso es fundamental que conozcas qué comportamientos e intervenciones constituyen violencia obstétrica, para que puedas identificarlos y defenderte.

    Prácticas que constituyen violencia obstétrica

    Intervenciones sin consentimiento informado

    Una de las formas más frecuentes de violencia obstétrica es realizar cualquier intervención en tu cuerpo sin haberte explicado previamente para qué sirve, qué ventajas tiene, qué riesgos conlleva, qué alternativas existen, y sin haber obtenido tu autorización explícita. Esto incluye desde tactos vaginales hasta episiotomías, cesáreas o administración de medicamentos.

    El consentimiento informado no es una firma apresurada en un papel mientras estás de parto. Es un proceso de diálogo donde tienes derecho a hacer todas las preguntas que necesites, a tomarte tiempo para decidir (cuando la situación lo permita), y a negarte si así lo deseas. Ningún profesional puede tocar tu cuerpo o realizar procedimientos sin tu autorización, independientemente de lo que consideren "mejor" o "rutinario".

    Los tactos vaginales rutinarios son un ejemplo claro. Aunque los tactos pueden ser útiles para valorar el progreso del parto en momentos específicos, realizarlos cada hora "por protocolo" o sin preguntarte antes constituye violencia obstétrica. Los tactos son incómodos, pueden ser dolorosos, aumentan el riesgo de infección, y en muchos casos no aportan información relevante que justifique la molestia. Tienes derecho a preguntar antes de cada tacto: ¿para qué es necesario ahora? ¿Qué información buscamos? ¿Podemos esperar? Y tienes derecho a negarte.

    La maniobra de Kristeller

    La maniobra de Kristeller consiste en que una o varias personas presionen con fuerza sobre tu abdomen durante las contracciones del expulsivo para "ayudar" a que el bebé salga. Esta práctica está clasificada por la OMS como "claramente perjudicial o ineficaz que debiera ser eliminada", y sin embargo sigue realizándose en muchos hospitales españoles.

    La Kristeller puede causarte lesiones graves: fracturas de costillas, desprendimiento de placenta, rotura uterina, hematomas, y daño en órganos internos. También puede causar trauma físico y emocional significativo. No existe evidencia científica que respalde su eficacia, y sí abundante evidencia de sus daños. Si durante tu parto alguien intenta realizarla, tienes derecho a negarte explícitamente diciendo "no consiento esta maniobra".

    Episiotomía rutinaria

    La episiotomía es un corte quirúrgico en tu periné (la zona entre la vagina y el ano) que tradicionalmente se realizaba "para evitar desgarros". Sin embargo, la evidencia científica demuestra que la episiotomía rutinaria no previene desgarros graves, no protege el suelo pélvico, y de hecho causa más daño que los desgarros naturales: los cortes son más profundos, más dolorosos, se infectan con mayor frecuencia y se recuperan peor.

    La OMS es clara: la episiotomía rutinaria debe eliminarse. Solo debería realizarse en situaciones muy específicas donde esté médicamente justificada (menos del 10% de los partos), nunca como práctica habitual. Realizarla sin tu consentimiento explícito o sin una indicación médica clara constituye violencia obstétrica y una mutilación de tu cuerpo. Tienes derecho a rechazarla y a que se respete la integridad de tu periné.

    Separación innecesaria de madre y bebé

    Separarte de tu bebé recién nacido sin una razón médica urgente es otra forma grave de violencia obstétrica. El hábitat natural de tu bebé es tu cuerpo. El contacto piel con piel inmediato e ininterrumpido durante al menos la primera hora después del nacimiento es una necesidad biológica fundamental, no un lujo ni un favor del hospital.

    Las rutinas hospitalarias tradicionales —pesar, medir, bañar al bebé, realizar pruebas que pueden esperar— no son urgentes y pueden realizarse perfectamente después, incluso sobre tu pecho si es necesario. Separarte de tu bebé para realizar estas tareas "por protocolo" vulnera vuestros derechos, genera estrés en el recién nacido, dificulta el inicio de la lactancia, interfiere con el establecimiento del vínculo y puede tener consecuencias duraderas en vuestro bienestar emocional.

    Si tu bebé necesita atención médica, en muchos casos puede recibirla mientras permanece contigo. Y si la separación es inevitable por una urgencia real, debe ser lo más breve posible, debe explicarse claramente, y debe seguirse de contacto continuo en cuanto sea seguro. Además, tu pareja o acompañante debe poder estar con el bebé si tú no puedes.

    Posición de litotomía obligada

    Obligarte a parir tumbada boca arriba con las piernas en estribos (posición de litotomía) es una práctica que responde más a la comodidad del profesional que a tus necesidades o a la evidencia científica. Esta posición va contra la gravedad, dificulta el descenso del bebé, comprime los vasos sanguíneos reduciendo el aporte de oxígeno, aumenta el dolor, y incrementa el riesgo de desgarros y de necesitar instrumentalización.

    Tienes derecho a moverte libremente durante todo el parto y a elegir la posición que te resulte más cómoda para el expulsivo: de pie, en cuclillas, a cuatro patas, de lado, sentada... Tu cuerpo sabe instintivamente qué posición necesita en cada momento. Impedirte moverte o forzarte a una posición específica sin justificación médica clara constituye violencia obstétrica.

    Uso rutinario de oxitocina sintética

    Administrarte oxitocina sintética sin indicación médica clara, solo para "acelerar" el parto porque va "demasiado lento" según criterios arbitrarios, interfiere con tu fisiología natural y puede tener consecuencias importantes. La oxitocina sintética no tiene los mismos efectos que tu oxitocina natural: no atraviesa la barrera hematoencefálica, por lo que no actúa en tu cerebro favoreciendo el vínculo y el bienestar emocional.

    Estudios muestran que el uso de oxitocina sintética durante el trabajo de parto está asociado con un aumento del 36% en el riesgo de depresión y ansiedad postparto. Además, las contracciones que provoca suelen ser más intensas y dolorosas, lo que frecuentemente lleva a solicitar epidural, iniciando una cascada de intervenciones que puede terminar en cesárea.

    Antes de recurrir a la oxitocina sintética, existen múltiples formas de estimular tu producción natural: sentirte segura, intimidad, contacto con tu pareja, estimulación de pezones, movimiento libre, penumbra y silencio. Si te proponen oxitocina sintética, tienes derecho a preguntar cuál es la indicación médica específica y si pueden probarse primero métodos naturales.

    Maltrato verbal y psicológico

    El maltrato durante el parto no es solo físico. Comentarios humillantes, infantilizantes, culpabilizadores o que ridiculicen tus reacciones constituyen violencia obstétrica psicológica. Frases como "si gritabas así cuando lo hiciste, ahora aguántate", "deja de quejarte que todas las mujeres paren", "si no colaboras tu bebé puede morir", "cállate que molestas a las demás", o "no seas exagerada" son formas de maltrato que dejan huellas profundas.

    También constituye maltrato psicológico ignorar tus peticiones, burlarse de tu plan de parto, hacerte sentir culpable por tus decisiones, o usar tácticas de manipulación emocional para que aceptes intervenciones. Una de estas tácticas es la llamada "carta del bebé muerto": amenazarte con que si no aceptas determinada intervención (a menudo innecesaria) tu bebé puede morir o sufrir daños. Este chantaje emocional es una forma grave de violencia obstétrica que busca anular tu capacidad de decisión mediante el miedo.

    Negación de acompañamiento

    Impedirte estar acompañada por la persona que tú elijas durante el parto (salvo situaciones excepcionales muy específicas) vulnera tus derechos fundamentales. El apoyo continuo de una persona de tu confianza durante el parto no solo es tu derecho, sino que además tiene beneficios demostrados: reduce el dolor, acorta la duración del parto, disminuye el riesgo de cesárea y mejora tu satisfacción con la experiencia.

    Ningún protocolo hospitalario puede estar por encima de este derecho. Si te dicen que "por protocolo" no puedes estar acompañada en determinados momentos (dilatación, quirófano si hay cesárea, etc.), es importante que sepas que están vulnerando tus derechos. Solo en situaciones de emergencia real donde la presencia del acompañante interfiera objetivamente con la atención urgente podría justificarse una separación temporal.

    En España, aunque no existe una ley específica que use el término "violencia obstétrica", sí existen múltiples marcos legales que protegen tus derechos durante el parto y que permiten denunciar las prácticas que los vulneran:

    Ley de Autonomía del Paciente

    La Ley 41/2002 de Autonomía del Paciente es la principal herramienta legal que protege tus derechos. Esta ley establece que:

    • Tienes derecho a recibir información completa sobre tu estado de salud, las intervenciones propuestas, sus riesgos y alternativas.
    • Ninguna intervención puede realizarse sin tu consentimiento informado previo.
    • Tienes derecho a negarte a cualquier tratamiento o intervención.
    • Tienes derecho a estar acompañada.
    • Tienes derecho a la intimidad y confidencialidad.

    Cualquier práctica que vulnere estos derechos constituye una infracción legal que puede ser denunciada.

    Recomendaciones de la OMS

    Aunque las recomendaciones de la OMS no son legalmente vinculantes en España, sí constituyen el estándar internacional de buenas prácticas que los profesionales sanitarios deberían seguir. La OMS ha publicado guías específicas sobre:

    • Prácticas que deben eliminarse por ser perjudiciales (episiotomía rutinaria, Kristeller, enemas, rasurado).
    • Prácticas que deben promoverse (libertad de movimiento, acompañamiento, contacto piel con piel inmediato).
    • El derecho de las mujeres a una experiencia de parto positiva que vaya más allá de la ausencia de complicaciones.

    Estas recomendaciones pueden usarse como argumento en reclamaciones para demostrar que las prácticas realizadas van contra el conocimiento científico actual.

    Estrategia de Atención al Parto Normal

    El Ministerio de Sanidad español publicó en 2007 la Estrategia de Atención al Parto Normal, que promueve el parto fisiológico, el respeto a los tiempos naturales, la reducción de intervenciones innecesarias y el protagonismo de la mujer. Aunque su implementación es irregular según hospitales, este documento oficial reconoce que el modelo intervencionista tradicional debe cambiar.

    Código Penal

    En casos graves, determinadas prácticas de violencia obstétrica pueden constituir delitos tipificados en el Código Penal:

    • Lesiones (art. 147): si las intervenciones sin consentimiento causan daño físico.
    • Coacciones (art. 172): si te obligan mediante intimidación a aceptar intervenciones.
    • Trato degradante (art. 173): si el maltrato vulnera gravemente tu dignidad.

    Normativa autonómica

    Algunas comunidades autónomas han desarrollado normativa específica más avanzada. Por ejemplo, Cataluña fue pionera en reconocer explícitamente el derecho al plan de parto y a un acompañamiento continuo en su legislación sanitaria.

    Es importante destacar que, aunque el término "violencia obstétrica" no aparece en la legislación española, esto no significa que las prácticas que la constituyen sean legales. Están amparadas por múltiples leyes de derechos del paciente, y pueden denunciarse a través de diferentes vías.

    Cómo identificar si has sufrido violencia obstétrica

    A veces, identificar que has sufrido violencia obstétrica no es sencillo. Muchas mujeres salen del parto con sensaciones confusas: agradecidas porque su bebé está bien, pero con un malestar profundo que no saben cómo nombrar. Otras minimizan lo que vivieron pensando que "así es un parto" o que "no tienen derecho a quejarse si el bebé está sano".

    Estas son algunas señales que pueden indicar que viviste violencia obstétrica:

    Señales durante el parto:

    • Te realizaron tactos vaginales, episiotomía u otras intervenciones sin preguntarte ni explicarte previamente.
    • Te presionaron el abdomen con fuerza (Kristeller) durante el expulsivo.
    • Te obligaron a permanecer en una posición específica aunque tú querías moverte.
    • Te administraron medicamentos (oxitocina, epidural, etc.) sin explicarte para qué ni pedir tu consentimiento.
    • Te separaron de tu bebé recién nacido sin razón médica urgente.
    • Recibiste comentarios humillantes, infantilizantes o culpabilizadores.
    • Te gritaron, te regañaron o te hicieron sentir que estabas "portándote mal".
    • Ignoraron tus peticiones o tu plan de parto sin justificación.
    • Te amenazaron con que tu bebé podría morir si no aceptabas determinada intervención (sin que hubiera una emergencia real).
    • No te permitieron estar acompañada cuando lo solicitaste.
    • No respetaron tu intimidad (dejaron puertas abiertas, entraron personas sin presentarse, etc.).

    Señales emocionales después del parto:

    • Sientes que tu parto fue una experiencia traumática, aunque tu bebé esté bien.
    • Tienes flashbacks, pesadillas o pensamientos intrusivos sobre el parto.
    • Sientes rabia, tristeza o impotencia al recordar lo que pasó.
    • Te cuesta conectar emocionalmente con tu bebé.
    • Evitas hablar del parto o te angustias cuando lo recuerdas.
    • Sientes que tu cuerpo fue violado o que perdiste el control sobre él.
    • Te sientes culpable, como si hubieras hecho algo mal.
    • Tienes miedo de futuros embarazos o partos.

    Si identificas varias de estas señales, es muy probable que hayas vivido violencia obstétrica. Es importante que sepas que lo que sientes es válido, que no es tu culpa, y que tienes derecho a buscar apoyo y, si lo deseas, a denunciar lo ocurrido.

    Impacto de la violencia obstétrica en la lactancia y el vínculo

    La violencia obstétrica no termina cuando sales de la sala de partos. Sus consecuencias pueden extenderse durante meses o años, afectando profundamente tu salud mental, tu capacidad de vincularte con tu bebé y el inicio de la lactancia.

    Impacto en la lactancia

    El inicio exitoso de la lactancia depende en gran medida de cómo transcurre el parto. Cuando se respeta la fisiología natural, el contacto piel con piel inmediato y la primera hora sin interrupciones, tu cuerpo y el de tu bebé están preparados hormonalmente para que la lactancia comience de forma espontánea. Sin embargo, las intervenciones innecesarias pueden interrumpir esta cascada hormonal:

    • La separación madre-bebé dificulta que el bebé realice la primera toma espontánea, que es fundamental para el establecimiento de la lactancia.
    • La oxitocina sintética durante el parto puede interferir con la liberación de oxitocina natural necesaria para la eyección de leche.
    • El estrés y trauma del parto afectan tus niveles hormonales y pueden retrasar la subida de la leche.
    • El dolor físico de episiotomías, desgarros mal suturados o cesáreas dificulta encontrar posiciones cómodas para amamantar.
    • El impacto emocional puede hacer que te sientas desconectada de tu cuerpo y de tu bebé, dificultando la intimidad necesaria para la lactancia.

    Muchas mujeres que han sufrido violencia obstétrica experimentan dificultades con la lactancia que no son "técnicas" sino emocionales: sienten rechazo a que las toquen, tienen dificultad para conectar con las sensaciones de su cuerpo, o experimentan ansiedad cuando el bebé se acerca al pecho. Estas dificultades son consecuencias directas del trauma, no fracasos personales.

    Impacto en el vínculo madre-bebé

    El vínculo con tu bebé no es instantáneo ni automático para todas las mujeres. Cuando has vivido un parto traumático, es normal que este proceso sea más difícil. Algunas consecuencias frecuentes son:

    • Dificultad para sentir conexión emocional con el bebé en las primeras semanas.
    • Sentimientos ambivalentes: querer a tu bebé pero sentir al mismo tiempo resentimiento o rechazo.
    • Dificultad para interpretar las señales del bebé y responder con sensibilidad.
    • Ansiedad excesiva o, por el contrario, desconexión emocional como mecanismo de protección.
    • Sentimientos de culpa por no sentir la "felicidad" que se supone deberías sentir.

    Es fundamental comprender que estas dificultades no significan que seas mala madre ni que no quieras a tu bebé. Son respuestas normales a una experiencia traumática. El vínculo puede construirse y repararse con tiempo, apoyo profesional adecuado y mucha compasión contigo misma.

    Impacto en la salud mental

    La violencia obstétrica es un factor de riesgo importante para desarrollar trastornos de salud mental perinatal:

    • Depresión postparto: las mujeres que vivieron partos traumáticos tienen mayor riesgo de depresión.
    • Trastorno de estrés postraumático (TEPT): flashbacks, pesadillas, evitación de todo lo relacionado con el parto, hipervigilancia.
    • Ansiedad: miedo a futuros embarazos, ansiedad generalizada, ataques de pánico.
    • Dificultades en la sexualidad: dolor, miedo, desconexión del propio cuerpo.

    Estos trastornos no son "debilidad" ni "exageración". Son consecuencias reales y graves de experiencias traumáticas que requieren atención profesional especializada.

    Cómo prevenir la violencia obstétrica: tu plan de parto

    Una de las herramientas más efectivas para prevenir la violencia obstétrica es prepararte durante el embarazo, conocer tus derechos y comunicar claramente tus preferencias mediante un plan de parto.

    Qué es el plan de parto

    El plan de parto es un documento donde expresas tus deseos y preferencias sobre cómo quieres que sea tu parto. No es un contrato rígido ni una lista de exigencias caprichosas: es una herramienta de comunicación que facilita el diálogo con el equipo médico y les ayuda a conocer lo que es importante para ti.

    Qué incluir en tu plan de parto

    Un plan de parto efectivo debería abordar estos aspectos:

    Acompañamiento:

    • Quién quieres que te acompañe durante todo el proceso (pareja, familiar, doula).
    • Tu deseo de que esta persona pueda estar presente en todo momento, incluido quirófano si hay cesárea.

    Libertad de movimiento y posición:

    • Tu preferencia por moverte libremente durante la dilatación.
    • Tu deseo de elegir la posición para el expulsivo (no litotomía obligada).

    Intervenciones:

    • Solicitar que cualquier intervención (tactos, monitorización continua, oxitocina, etc.) tenga justificación médica clara y tu consentimiento informado previo.
    • Tu preferencia por evitar episiotomía rutinaria y maniobra de Kristeller.
    • Tus preferencias sobre analgesia (epidural, métodos naturales).

    Contacto con tu bebé:

    • Tu deseo de contacto piel con piel inmediato e ininterrumpido durante al menos la primera hora.
    • Solicitar que las rutinas (pesar, medir, etc.) se realicen después, preferiblemente sobre tu pecho.
    • Pinzamiento tardío del cordón umbilical.

    Lactancia:

    • Tu intención de amamantar y solicitar apoyo para el inicio de la lactancia.
    • Solicitar que no se ofrezcan biberones ni chupetes sin tu consentimiento.

    En caso de cesárea:

    • Tu deseo de una cesárea respetada: acompañamiento, contacto piel con piel en quirófano o inmediatamente después, explicaciones durante el proceso.

    Cómo presentar tu plan de parto

    • Redáctalo con tiempo, durante el tercer trimestre, para que puedas reflexionar y revisarlo.
    • Coméntalo con tu matrona o ginecólogo en las consultas prenatales. Su reacción te dará información sobre si el hospital respeta estos derechos.
    • Lleva varias copias el día del parto para entregar al equipo que te atienda.
    • Sé flexible pero firme: el plan puede adaptarse si surgen complicaciones reales, pero tus derechos básicos (consentimiento, acompañamiento, respeto) no son negociables.

    Otras estrategias de prevención

    • Infórmate durante el embarazo: lee, acude a grupos de preparación al parto, conoce tus derechos.
    • Elige bien dónde parir: investiga las tasas de intervención del hospital, pregunta por sus protocolos, busca opiniones de otras mujeres.
    • Considera contratar una doula: es una profesional que te acompaña emocionalmente y puede ayudar a defender tus derechos durante el parto.
    • Habla con tu pareja o acompañante: asegúrate de que conoce tus deseos y está preparado para apoyarte y defender tus decisiones si en algún momento te sientes vulnerable.

    Qué hacer si has sufrido violencia obstétrica: cómo denunciar

    Si has vivido violencia obstétrica, tienes derecho a denunciar lo ocurrido. Aunque el proceso puede ser emocionalmente difícil, denunciar no solo te ayuda a ti a procesar lo sucedido, sino que también contribuye a que estas prácticas se visibilicen y, ojalá, dejen de repetirse.

    Vías de denuncia

    1. Hoja de reclamaciones del hospital:

    Es el primer paso más accesible. Todos los centros sanitarios deben tener hojas de reclamaciones disponibles. Puedes relatar lo ocurrido y solicitar explicaciones. Esta reclamación queda registrada y debe ser respondida en un plazo determinado.

    2. Servicio de Atención al Paciente:

    Cada hospital tiene un Servicio de Atención al Paciente donde puedes presentar una queja formal. Solicita una copia sellada de tu reclamación.

    3. Defensor del Paciente:

    Es una figura independiente que puede mediar entre tú y el hospital, y asesorarte sobre los pasos a seguir.

    4. Colegio Oficial de Médicos:

    Si consideras que hubo mala praxis por parte de un profesional específico, puedes presentar una denuncia ante el Colegio de Médicos correspondiente. Ellos tienen comisiones deontológicas que investigan las quejas.

    5. Inspección Sanitaria:

    Puedes presentar una denuncia ante la Inspección Sanitaria de tu comunidad autónoma. Ellos pueden investigar si se vulneraron protocolos o normativas.

    6. Vía judicial:

    En casos graves, puedes presentar una denuncia penal (si consideras que hubo delito) o una demanda civil (si buscas compensación por daños). Para esto necesitarás asesoramiento legal especializado.

    Qué necesitas para denunciar

    • Tu informe de parto: solicita una copia completa de tu historia clínica del parto. Es tu derecho recibirla.
    • Relato detallado: escribe lo antes posible todo lo que recuerdes: qué pasó, quién lo hizo, qué te dijeron, cómo te sentiste.
    • Testigos: si tu acompañante u otras personas presenciaron lo ocurrido, sus testimonios pueden ser valiosos.
    • Fotografías: si tienes lesiones visibles (episiotomía excesiva, hematomas, etc.), documéntalas con fotos.

    Apoyo para denunciar

    No tienes que hacerlo sola. Existen organizaciones que pueden apoyarte:

    • El Parto es Nuestro: asociación que defiende los derechos de las mujeres durante el parto y ofrece asesoramiento para denuncias.
    • Abogados especializados: algunos despachos se especializan en negligencias médicas y violencia obstétrica.
    • Grupos de apoyo: conectar con otras mujeres que han pasado por experiencias similares puede darte fuerza y orientación.

    Cuidado emocional durante el proceso

    Denunciar puede remover emociones difíciles. Es importante que durante este proceso cuentes con apoyo psicológico. Busca profesionales especializados en salud mental perinatal que comprendan el trauma del parto. El Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal y otros recursos especializados pueden orientarte.

    Cuándo consultar con un profesional

    Es importante que busques ayuda profesional si después de tu parto experimentas:

    • Flashbacks o pesadillas recurrentes sobre el parto.
    • Dificultad para vincularte con tu bebé o sentimientos de rechazo hacia él.
    • Tristeza profunda, llanto frecuente o sensación de vacío que persiste más allá de las primeras semanas.
    • Ansiedad intensa, ataques de pánico o miedo desproporcionado.
    • Pensamientos de hacerte daño

    ¿Te queda alguna duda sobre tu caso?

    Nara puede ayudarte con tu situacion concreta de lactancia, sin juicio y a tu ritmo.